NEW La Pharmaco

Tierras raras

Tierras raras parece una manera hermosa de llamar a nuestro siniestro mundo. Una manera de cargar de misterio, fábula, incluso mitología, lo que podría verse solo como catástrofe. En realidad, es el ejercicio poético, la magia del nombrar de un químico ruso que agrupó unos minerales extraños y los introdujo en la tabla periódica cuando todavía el tiempo se medía en siglos, sin imaginarse que esos minerales serían el alimento principal de la industria tecnológica de su futuro y nuestro presente, y que las palabras escogidas iban a sintetizar, a modo de conjuro o exorcismo, toda una época. Tierras raras.

La belleza sobrevive, con su fragilidad intacta, a la destrucción. Como el hongo de Anna Tsing, o los animales salvajes de Chernóbil, o la luz gratuita que podría iluminar toda Ciudad de México gracias a los gases que emite la basura enterrada en el relleno sanitario del Bordo poniente.

Si escarbamos en la tierra, con las uñas, máquinas perforadoras y escobillas especializadas, solo encontraremos basura, excrementos del mundo, huellas escatológicas de la historia: basura doméstica, residuos mineros, herramientas prehistóricas y ordenadores obsoletos, fragmentos de cuerpos, escombros de templos destruidos en las guerras, iconos sacrificados por enemigos espirituales.

Tierras raras es una imagen, un golpe de vista de esa condensación de tiempo. El baile de la corteza terrestre, la danza del subsuelo, de lo que se descompone y alimenta el mundo. El baile de esa violencia original.